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El mundo que tenemos y su transformación

Ariel Zúñiga

Lunes 27 de agosto de 2007, puesto en línea por Ariel Zúñiga

Debe pensarse en un nuevo orden que pueda desjerarquizar a la sociedad y a la vez, alimentar a todos los habitantes.

Dicha afirmación parece liviana si se la compara con los megaproyectos defendidos desde el siglo XVIII; desmedida, para los microproyectos defendidos desde finales de los sesenta; y anacrónica, según el pensamiento oficial y su crítica actuales. Es que proponer un horizonte y una senda se ha tenido en los últimos lustros como tarea de una especie distinta a la humana, a Dioses que habitaban otro mundo y que insistimos en reinterpretar, releer y glosar.

Apostar por un nuevo mundo, a pesar que el antiguo y el actual fue y es creado por hombres, debe ser majaderamente presentado como POSIBLE, cómo si llevar sondas a Plutón no nos hubieran ilustrado lo suficiente sobre nuestras capacidades ilimitadas.

Pero se insistirá nuevamente en que la historia del hombre ha sido la lucha de clases y que por lo tanto, el gran salto técnico del hombre no tiene una contrapartida en cómo el hombre se trata a sí mismo y a su especie. Pero los mismos santos y beatos de la izquierda dicen que habían sociedades primitivas en que tales conflictos no existían y que por lo tanto existe un precedente. Hay que revisar en qué parte de la suma nos equivocamos, corregir, volver a sumar y ya está.

Ni lo uno ni lo otro, el desarrollo técnico se ha obtenido gracias a la monopolización de unos del trabajo de todos los hombres, de todas las épocas. Cambiar esa estructura fundamental obliga a abandonar en parte tal desarrollo técnico.

Abandonar el desarrollo técnico no sólo implica poner fin a la venta de chucherías sino que evitar la cura a enfermedades por las cuales hoy se mueren personas sólo en casos extremos; a maravillosos sistemas de riego y cultivo que posibilitan alimentarse a seis veces más personas que en los tiempos en que vivía Marx; a sistemas de información que posibilitarían una difusión del conocimiento acumulado que sería considerado utópico por los Enciclopedistas.

Es que la crítica al mundo existente debe partir por el reconocimiento de aquellas bondades que él tiene y que no debemos tranzar ni poner en riesgo bajo ninguna circunstancia.

Lo dicho es muy distinto a decir que vivimos en el paraíso o que el desarrollo de nuestro sistema capitalista mediante la consecución del programa neoliberal, liberal o socialdemócrata pueda llevarnos a solución de los problemas que advertimos con el sólo hecho de salir de nuestras casas o de ver la televisión; o que la solución pasa por improvisar un sistema anticapitalista o contracapitalista.

La solución segunda es más calamitosa que cada una de las primeras pues trae aparejada a la experimentación con humanos a gran escala todos los males del caos. Pero la consecución del programa capitalista si bien conduce a una sustentabilidad mayor a corto y mediano plazo, promete un caos similar o peor a largo plazo. Tomar en serio ese programa consiste en asumir por racional el disminuir la velocidad de un vehículo impulsado hacia desbarrancarse, sin considerar las opciones de frenar o de cambiar la trayectoria.

¿Frenar? la sociedad es como los escualos y si se detiene se hunde; ¿Cambiar la trayectoria? ...dicen que es mala educación responder una pregunta con otra pero, ¿qué mas se puede hacer ante interrogantes como ésta? ¿Existe acaso una trayectoria distinta a las opciones neoliberales, liberales o socialdemócratas? Dicho de otro modo, ¿existe una alternativa al barranco a largo plazo?

Desjerarquizar y alimentar es una finalidad, un horizonte válido, más no dice nada de los medios que deben emplearse, no aporta nada sobre el sendero y por lo tanto no es un argumento válido para cambiar la trayectoria hacia el barranco. Sin embargo, viajar consiste en ir de un lugar a otro eligiendo el trayecto, lo otro se llama vagar: Si no tenemos claro un destino difícilmente elegiremos medios adecuados para alcanzarlo.

Hasta aquí, tautología. Más bien, todo lo dicho debería ser de perogrullo pero no lo es porque la izquierda - aquellos que se sienten y dicen de izquierda - y que no son ni socialdemocrátas ni liberales, lejos de haberse puesto de acuerdo en un horizonte común consideran que es inapropiado siquiera planteárselo. De este modo colaboran por defecto en la consecución de la trayectoria hacia el barranco.

¿Manifestarse contra el trabajo e irnos a vivir todos a Alemania? ¿Parasitar de un nuevo sujeto histórico inventado por las élites alternativas denominado Multitud? (Para sustituir a otro sujeto histórico inventado por las élites alternativas del pasado y denominado proletariado) ¿Confundirlo todo para que nada sea verdad o mentira? ¿Cambiar el mundo sin tocar al poder? ¿Coser y cantar mientras confiamos en que los ciclos Kondratief harán el trabajo sucio? ¿Abrir las cárceles y los manicomios?

¿Será necesario juntarse una vez más en Porto Alegre para buscar convergencia entre esas descabelladas opciones? Será necesario otro Jamboree si además esas descabelladas opciones son mezcladas impúdicamente con otras capitalistas, de las tres especies, y otras regresivo- personalistas, populistas y militaristas.

Quizás, buscarse una palmera frondosa y una playa tranquila para tocar el ukelele, no sea una opción despreciable. Quizás, disfrutar de la vida con todas sus contradicciones y frivolidades sea menos objetable que seguir apostando por caballos cojos. De todos modos, de este juego nadie va a salir vivo.

Estado, Sociedad y Mercado

El presupuesto de muchas universidades, centros de estudios, editoriales y académicos depende de la separación del hombre en distintas partículas y su investigación obsesiva pero por separado.

Eso permite que se divida el Derecho, la Sociología y la Economía, y con ello, la estructura jerárquica del poder político podamos conciliarla con una sociedad formalmente democrática en que sólo unos son los dueños y todos los demás debemos trabajar para ellos.

Sin embargo unos son dueños porque el Derecho, el lenguaje del poder político, defiende su propiedad y consagra las normas laborales; y se hacen filas para votar porque el derecho regula la intervención de los formalmente libres en aquellas cosas que no importan. Todos sabemos qué ocurre si esas normas jurídicas son sobrepasadas: «se llama a la caballería».

En suma, unos pocos detentan el poder político en el mundo y utilizan todas las formas existentes para conservarlo y acrecentarlo. Dinero es poder, y por lo tanto lo que define al capitalismo no es la acumulación de dinero sino que la acumulación de poder.

Esa acumulación es gradual y es esa gradualidad la que estructura a la sociedad en forma jerárquica.

Sin embargo la ideología jurídica liberal dice que todos SOMOS iguales, los Estados son iguales entre sí, y que todos tenemos Derecho al desarrollo de todas nuestras potencialidades, y que Santa Claus visitará a todos los niños para la Navidad...

...Mientras, los grandes pensadores de la sociedad confunden el Derecho con la ideología liberal y llaman a la ciudadanía a organizarse para luchar por modos menos evidentes de explotación; en tanto los mercados, regulados por manos invisibles escurriendo sangre, llevan todo el sudor de la humanidad al molino de unos pocos bolsillos.

Si el poder es quien hace la diferencia, las opciones se dividen para los explotados, en tomar el poder para tornarse en explotadores o buscar el modo de desjerarquizar, redistribuyendo el poder de modo que el discurso liberal aceptado como válido por la mayoría de las personas se transforme en realidad.

Pero la distribución del poder impediría que muchos de los sistemas productivos conocidos fueran posibles y su debacle puede ser más funesta que el criminal statu quo.

Es por eso que proponer un horizonte no implica proponer de inmediato un sendero, pero permite enfocar la discusión tanto hacia la convergencia o discrepancia en el horizonte propuesto, como en el sendero adecuado a seguir en ese largo viaje.

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