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CUBA - Centrales flotantes turcas, otro asunto “estratégico” del que poco se sabe

El Toque

Jueves 7 de diciembre de 2023, por Françoise Couëdel

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2 de febrero 2023 - El Toque - A inicios de febrero de 2023 se anunció el arribo a Cuba de la octava central flotante arrendada a Turquía. Estas noticias han sido recurrentes en los últimos meses, y usadas como tema esperanzador para la población que sufre largos períodos de apagones. Sin embargo, los cortes de electricidad, sobre todo en el interior del país, se mantienen sobre las ocho horas diarias y alcanza las quince en algunos lugares.

El gobierno cubano insiste en ocultar lo más posible la información sobre el tema, catalogándolo de «estratégico», pero existen muchas preguntas al respecto.

¿Qué es una central flotante?

Se trata de una embarcación sobre la que se han instalado uno o varios generadores de electricidad que funcionan a partir de fueloil o combustóleo (residuo que queda después de refinar petróleo crudo con alto contenido en azufre), y que constituye una alternativa más económica.

Las centrales flotantes se trasladan a bordo de buques o en patanas remolcadas. Suelen ubicarse en la proximidad de plantas productoras como en los casos del Mariel y Tallapiedra, en La Habana —estén activas o no—, para aprovechar las subestaciones y redes de esas industrias.

¿Cuándo llegaron las centrales flotantes a Cuba?

El contrato para «desplegar» las primeras plantas flotantes en el país se firmó en octubre de 2018, entre Energoimport (importadora cubana de dispositivos electroenergéticos) y Karpowership (subsidiaria para operaciones navales de Karadeniz Holding), un grupo empresarial especializado en la producción de energía, cuya casa matriz radica en Estambul.

El acuerdo inicial preveía que tres de esas embarcaciones prestaran servicio durante 51 meses —poco más de cuatro años—, y contribuyeran con 110 MW de potencia al Sistema Eléctrico Nacional (SEN).

Los dos primeros buques fondearon en la bahía del Mariel y sincronizaron al SEN en junio de 2019. El restante se incorporó a la red cinco meses después.

Desde entonces, el contrato fue renegociado en dos ocasiones: en noviembre de 2019, para incrementarlo hasta 144 MW; y en noviembre de 2021, cuando la potencia acordada se elevó hasta 300 MW y su plazo de vigencia se amplió a 18 años. El 15 de noviembre de 2022 llegó a Cuba una nueva patana con una capacidad de generación de 110 MW, y el 1 de febrero de 2023 una octava, lo que aumentaría a unos 740 MW la energía contratada.

Cuando llegó la primera central flotante a Cuba, otros nueve países —de Asia y África en su mayoría— tenían contratos con la empresa turca pero la nación caribeña fue su primer cliente de América latina. A inicios de febrero de 2023 se anunció el arribo a Cuba de la octava central flotante arrendada a Turquía. Estas noticias han sido recurrentes en los últimos meses, y usadas como tema esperanzador para la población que sufre largos períodos de apagones. Sin embargo, los cortes de electricidad, sobre todo en el interior del país, se mantienen sobre las ocho horas diarias y alcanza las quince en algunos lugares.

El Gobierno cubano insiste en ocultar lo más posible la información sobre el tema, catalogándolo de «estratégico», pero existen muchas preguntas al respecto. El TOQUE resume lo que se ha publicado acerca de las centrales turcas y las condiciones que rigen su funcionamiento en Cuba.

El acuerdo inicial preveía que tres de esas embarcaciones prestaran servicio durante 51 meses —poco más de cuatro años—, y contribuyeran con 110 MW de potencia al Sistema Eléctrico Nacional (SEN).

Los dos primeros buques fondearon en la bahía del Mariel y sincronizaron al SEN en junio de 2019. El restante se incorporó a la red cinco meses después.

Desde entonces, el contrato fue renegociado en dos ocasiones: en noviembre de 2019, para incrementarlo hasta 144 MW; y en noviembre de 2021, cuando la potencia acordada se elevó hasta 300 MW y su plazo de vigencia se amplió a 18 años. El 15 de noviembre de 2022 llegó a Cuba una nueva patana con una capacidad de generación de 110 MW, y el 1 de febrero de 2023 una octava, lo que aumentaría a unos 740 MW la energía contratada.

En la última década, Turquía se convirtió en un importante operador de este tipo de tecnología de la mano de Karpowership, especializado en «cortejar a Gobiernos que están desesperados por la electricidad».

El Centro de Periodismo de Investigación (CPI) «Ama Bhungane», de Sudáfrica, atribuye esa frase a Orhan Karadeniz, director ejecutivo de Karpowership. Junto a Libia e Iraq, Sudáfrica se cuenta entre los principales clientes de la compañía, a la cual le compraba —en julio de 2021— 1 220 MW de electricidad.

Desde 2011, la capacidad de la flota mundial de Karpowership prácticamente se sextuplicó, hasta superar los 4 100 MW de potencia, con planes de sumar en el futuro 4 400 MW adicionales. Entre 2014 y 2019 sus ingresos pasaron de 400 millones a 1 100 millones al año, detalla Ama Bhungane, que pudo acceder a los estados de cuenta de la compañía.

El Gobierno turco promueve activamente ese crecimiento. «La compañía tiende a navegar tras los viajes diplomáticos del presidente Tayyip Erdogan, actuando como un campeón nacional con toda la cobertura política que ello implica», agrega la investigación periodística.

Así sucedió en Libia, en mayo de 2020, cuando tras la visita de Erdogan a Trípoli se anunció un acuerdo para proveer 1 000 MW, o en Haití, donde el mandatario turco y su homólogo Jovenel Moise, poco antes de su asesinato, habían hablado por teléfono sobre la posibilidad de instalar centrales flotantes.

En 2018, Karpowership incluso buscó extenderse hacia mercados de países más desarrollados, mediante un acuerdo para proveer a Bélgica de 900 MW que compensarían el déficit energético ocasionado por el cierre de uno de sus reactores nucleares. «El hecho de que las centrales eléctricas flotantes de la compañía [...] lleguen a los puertos belgas dentro de 20 días desempeña un papel importante en las negociaciones», señaló la televisión pública turca.

De acuerdo con la información disponible en algunos países, la propia Karpowership le ha vendido el combustible a las centrales y así obtiene un tercio de los ingresos de la empresa.

¿Por qué Cuba contrata las plantas turcas?

En primer lugar, por el tiempo. Montar una termoeléctrica lleva cuatro o cinco años de inversión, detalló el presidente cubano Miguel Díaz-Canel en junio. «Por ese motivo, en los dos últimos años se ha acudido como alternativa a las plantas móviles de generación de energía, un negocio en el cual alquilamos la patana y de inmediato tenemos la generación. No es una inversión que demore».

La buena relación con Ankara es otra razón de peso para estrechar lazos con Karpowership. Durante su reciente encuentro con Díaz-Canel, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan aseguró darle «especial importancia a incrementar la cooperación y solidaridad con Cuba». Las metas inmediatas de su Gobierno son elevar el comercio bilateral hasta 200 millones de dólares anuales y reforzar la presencia turca en la energía, el turismo y la agricultura.

¿Cuánto cuestan las plantas turcas?

A falta de datos oficiales, cualquier estimación debe partir de los balances publicados por la propia empresa. Tras consultarlos, el CPI Ama Bhungane concluyó que en 2019 Karadeniz Holding había percibido ingresos por valor de 1 095 millones de dólares, sobre la base de una planta industrial de 4 100 MW. En otras palabras, cada megavatio de potencia le reportó a la compañía unos 267 mil dólares anuales.

A tenor con esos cálculos, la compañía pudiera cobrar por su capacidad de generación desplazada hacia Cuba (400 MW) alrededor de 106 millones de dólares al año.

Para el caso cubano también sirve de referencia el contrato firmado por la empresa turca y el Gobierno de Sudáfrica, que comprometió a Pretoria a pagar entre 550 millones y 990 millones dólares anuales por el uso de 1 220 MW de las centrales flotantes. La diferencia de facturas está relacionada con el grado de explotación de las plantas. Tiene como objetivo garantizar un «mínimo» de ingresos a la compañía. Si Cuba se ajustara a esas tarifas, le correspondería pagar entre 226 millones y 334 millones de dólares cada año.

Ciertamente, Cuba pudiera estar pagando —o pagar en el futuro— parte del servicio de las centrales con concesiones en otros sectores de interés para el empresariado turco.

¿Quién es y cómo opera Karpowership?

En la última década, Turquía se convirtió en un importante operador de este tipo de tecnología de la mano de Karpowership, especializado en «cortejar a Gobiernos que están desesperados por la electricidad».

El Centro de periodismo de investigación (CPI) «Ama Bhungane», de Sudáfrica, atribuye esa frase a Orhan Karadeniz, director ejecutivo de Karpowership. Junto a Libia e Iraq, Sudáfrica se cuenta entre los principales clientes de la compañía, a la cual le compraba —en julio de 2021— 1 220 MW de electricidad.

Desde 2011, la capacidad de la flota mundial de Karpowership prácticamente se sextuplicó, hasta superar los 4 100 MW de potencia, con planes de sumar en el futuro 4 400 MW adicionales. Entre 2014 y 2019 sus ingresos pasaron de 400 millones a 1 100 millones al año, detalla Ama Bhungane, que pudo acceder a los estados de cuenta de la compañía.

El gobierno turco promueve activamente ese crecimiento. «La compañía tiende a navegar tras los viajes diplomáticos del presidente Tayyip Erdogan, actuando como un campeón nacional con toda la cobertura política que ello implica», agrega la investigación periodística.


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